Haz lo que te gusta

Cada noche, en mi casa, vemos el programa El Hormiguero 3.0. Para entonces el usuario de pañales de la casa ya ha cenado y debería estar durmiendo y soñando con lo que sea que sueñe. Así que es el momento de cenar los mayores, ponernos delante de la tv y dejar de pensar, maquinar, calcular, programar y decidir. Es el momento de descansar (hay quien se pone a planchar a esas horas, yo soy incapaz; me debo estar haciendo mayor, o a lo mejor es que he sido siempre una burguesa de mierda, ya ves). Y qué quieres, para mí, uno de los mejores descansos de la cabeza es la caja tonta. La lectura la dejo para otros momentos, como cuando hay futbol. El caso es que a esas horas cenamos en el cuarto de estar, con la tele delante, dispuestos a que otros nos ayuden a desconectar de la realidad un ratito. Y solemos ver El Hormiguero 3.0. Buen rollo, entrevistas distendidas, momentos de risa, y a veces, también de reflexión. Es el caso del otro día.

El día que entrevistaron a Melendi, que no me acuerdo que día fue, emitieron un video realizado por una tal Dulcinea, muy interesante; demostraban a unas cuantas personas que la belleza la llevamos dentro y que hay que quererse. Pero no me detengo en esto, sino en que, después del video, Pablo Motos, al que considero un tío muy inteligente (al loro, que he unido “tío” y “muy inteligente” , ¿eh?), dio cuatro consejos buenísimos. El los llama reglas, pero yo prefiero referirme a ellos como consejos. Y sobre esos cuatro consejos iré diciendo mis “tontás”entrada a entrada.

Primer consejo: y cito textualmente: “Haz lo que te gusta y estarás más guapo. No hay ninguna crema con ese poder. Cuando haces lo que te gusta tu vida mejora”.

Y es verdad. Una verdad como un templo. Tiene más razón que un santo. Verdad de la verdadera. De la buena.

Y es que es verdad y todos hemos tenido esa experiencia alguna vez: cuando haces algo que te gusta, es que no te cansa, ni te desgasta, al revés, que te pone las pilas, oye. Y te encuentras mejor, contigo mismo y con el mundo. Ves las cosas de otro color. Tu vida mejora, efectivamente, eres más positivo, estás a buenas con los demás y encima, tienes buena cara. Pero si es que es verdad.

Y más de uno pensará, como pensé yo: ¿y quién es el bonito que se dedica a lo que le gusta? ¿Quién, hoy en día, tiene el privilegio de dedicarse a aquello para lo que estudió, o aquello que le llena de ilusión y de energía? Pues sinceramente, pocos.

¿Pero es que a que nos referimos cuando decimos “hacer lo que te gusta”? ¿Por qué siempre, inevitablemente, pensamos en el trabajo? Bueno, vale, porque va y resulta que es donde más horas pasamos al día (si es que somos de los privilegiados que tienen un trabajo, claro).

Pero le podemos dar la vuelta. Podemos pensar: vale, mi trabajo no me emociona, no es lo mejor del mundo, o incluso, es una fuente de angustias. Vale, ¿qué hacemos? No puedo dejar que mi vida sea un infierno porque mi trabajo, que al fin y al cabo, es solo un medio para otros fines, sea el que dirija la vivencia de la mi vida en general.

Veamos. Si mi trabajo es una fuente de presión y angustia y no me gusta, lo más probable es que yo sea un empleado de otro. Así que, que se preocupe el otro. Que se angustie el otro, y la presión se dirija hacia él. Si yo cumplo con mi cometido y me esfuerzo y lo hago bien, los resultados me deberían dar igual. Mi objetivo es trabajar bien y mi resultado es que yo he trabajado bien. Y punto. Y ahí es donde mi trabajo me puede hacer feliz, en el gusto que da hacerlo bien. Así que vamos a desestresarnos con el trabajito dichoso, que al fin y al cabo, no es la finalidad de la vida.

Y mientras no estoy en el trabajo, ahí es donde tengo que enfocar toda mi energía, de donde la tengo que sacar (la energía, digo) y donde tengo que hacer lo que me gusta y ser feliz.

Y ahí nadie tiene excusas. Todos podemos hacer lo que nos gusta. Hay a quien le gusta estar con su familia, a quien le gusta salir con los amigos día sí día también, y a quien le gusta meterse en un cine y hacer críticas en un blog. Me da igual lo que te guste: cuidar flores, escalar montañas, leer libros de dos en dos. Correr, bailar, coser patchwork. Da igual. No, es que a mi me gusta decorar árboles de Navidad en julio. Perfecto. No, yo prefiero cocinar y luego regalar postres a mis amigos. Olé tú, ya ves.

Y es que no hay mejor receta: dime qué te gusta, ponte un plan, y verás cómo te mejora la cara, estás más guapo y tu vida mejora. Y ahí está el quid: en el plan. Porque si no, no hay manera. Si quieres hacer lo que te gusta, tienes que hacerte un plan; si no, siempre habrá algo que se ponga por delante: la renovación del DNI o quitarle los mocos a tu hijo. Así que hagamos un plan, busquemos el momento adecuado y el lugar perfecto. Y si no lo hay, lo creamos: hacemos hueco físico y temporal.

Te garantizo que funciona. Yo, estoy más guapa desde que escribo este blog.

Y no, no hay ninguna crema con ese poder.

Que paséis buen día.

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