Sé auténtico

Y ahí va el segundo consejo que conforma esta serie de cuatro que Pablo Motos dio en el programa El Hormiguero 3.0: “Las personas se vuelven increíblemente guapas cuando son auténticas, es decir,  precisamente cuando no piensan en lo que opinan los demás”.

Y otra verdad de la buena. Y es que cuánto tiempo y, sobre todo, cuántas energías perdemos en pensar qué opinarán los demás de nosotros.  Y normalmente no nos preocupamos sobre qué pensarán acerca de nuestros actos, sino que opinarán sobre nuestra imagen.

Pero no vamos a decir que es una bobada. No, no es una tontería pensar que nos van a enjuiciar por nuestra imagen. Porque es verdad.

La imagen manda. Es así. Nos guste o no. Los que no nos conocen nos miden por la primera impresión, y ésa, se forma de lo que se percibe de nuestra imagen. Y de cómo vestimos, y de cómo nos movemos, y de cómo vamos peinados, y de qué color llevamos el pelo, y, si somos mujeres, hasta de cómo vamos maquilladas, o no. Y en un segundo lugar, una vez hemos abierto la boca, de cómo nos movemos, de cómo hablamos, de qué expresiones usamos. Quizá ésta sería una vara de medir más justa con nuestro interior, pero te digo una cosa, baby: si tu imagen ha causado un desastre en la percepción del interlocutor, olvídate. La primera impresión causada por valores meramente físicos es la que hace huella.

Vale, esto es un hecho. Y eso es lo que provoca tu  pérdida de energía cavilando sobre lo que pensarán de ti. Y ahí está el error. No voy a negar lo innegable: la gente es idiota y te van a juzgar por lo que ven. Pues sí, es así, mira tú. Pero ahí está el consejo: pasa de todo eso. A quien te tienes que gustar es a ti. Y a nadie más. Y me da igual que lleves corbata o rastas. A quien le tiene que gustar, quien se tiene que sentir a gusto con su imagen, eres tú. Te tienes que poner delante del espejo y pensar: ¿me gusto? ¿si?, perfecto, adelante con la cabeza bien alta; ¿que no te gustas y te dan ganas de llorar?, pues dime qué quieres cambiar y hazlo. La mayoría de las veces no es cuestión de grandes cambios: basta con un cambio de peinado (es que el que llevo es muy rancio, muy extremo o simplemente me trae malos recuerdos), o un cambio de estilo en la ropa; hay grandes almacenes a precios realmente bajos, y unido a que a veces basta con un par de prendas nuevas combinadas con lo antiguo, pues tampoco es para tanto. Si eres mujer, maquíllate, es un consejo mío personal; que cuando te mires en el espejo, pienses “ya le gustaría a la Julia Roberts esa” (que dicho sea de paso, tiene una boca como un buzón, y ya ves, le llaman la novia de América). Maquíllate, si, como en la canción de Mecano; a tu estilo, gótico, pijo-tonto, o natural-como-una-manzana. Que sea tu estilo, pero maquillada. Te prometo una cosa: te mirarás en el espejo, y te vendrás arriba, y te comerás el mundo. Ya te digo qué tontería lo que hace un rímel, oye.

Y de repente, en tu mente, aparecerá la pregunta prohibida: ¿qué pensará Menganito o Fulanita cuando me vea así? Bueno, la pregunta no es que sea prohibida; te la puedes hacer; te dejo. Lo que no te permito es que te contestes. La única respuesta posible, la única verdadera, la única que te llevará a la felicidad, la única que te hará verdaderamente guapa y brillante es: ni lo sé ni me importa.  Si haces que la opinión de los demás, sea quien sea ese “demás”, te importe un pimiento, brillarás con luz propia, iluminarás allí donde estés, y si te descuidas, y sin que te des cuenta, habrá no una, sino dos o tres que quieran copiar algo de lo tuyo. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que tú serás guapa de verdad por fuera y por dentro, porque serás feliz.

Pero queda una pregunta que nos solemos hacer: ¿y si soy ridículo, y si soy un espantajo, y nadie me lo dice por mi aparente seguridad en mi mismo? Mira, no te voy a mentir: los hay. Hay gente que va por la vida haciendo el ridículo (a veces con abrigo de pieles, a veces con chándal) y es inmune al que dirán, lo que no le ayuda, para nada.

Pero no va a ser tu caso. Palabra de Spatium Veritatem. Porque tú ya te lo has planteado. Esos otros jamás se plantean si van dando pena. Tú sí, ya lo has hecho. Es la prueba de que eres una persona guapa, guapa. Así que olvídate y pisa fuerte en tu camino de baldosas amarillas.

Y sé feliz, muy feliz.

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