ENFADITIS AGUDA

mafalda3

Decía Camilo José Cela, o eso creo, lo mismo lo decía otro, vete tú a saber, que las musas siempre te pillan trabajando. Vamos, que si no te pones a ello, no esperes que vengan. Y eso me pasa a mi hoy, que no sé de qué hablar. Estoy tan encabronada con las bobadas de la vida, que no veo el paisaje. No tengo perspectiva, no puedo hablar de nada si no es despotricando de algo. Qué antipática, ¿no?  Que tía tan amargada, pensaría yo de mi misma si me viera desde fuera (y no supiera que soy yo misma esa que estoy viendo, claro, of course, como dirían los pijos). Y me veo, claro que me veo. Pero es que no lo puedo remediar. Tengo una enfermedad últimamente, que no sé si llamarla “encabronitis aguda” o “amargura de vieja prematura crónica”. ¿Existe eso? ¿Sabéis alguno de qué os hablo?

Veamos, os cuento la historia clínica: paciente de 43 años (¡ostras!, ¿si?, ¿yaaa? ¿cuarentay treeees?), viene a consulta afectada por un agudo enfado con todo lo que le rodea (absolutamente todo, la paciente subraya ese “todo”). En la exploración: palpación abdominal normal, no fiebre, no ganglios inflamados. Visión normal, orientada. Recomendamos seguir haciendo vida normal y estar alerta a posibles altercados hasta, quizá, con las farolas.

El caso es que en los dos últimos meses he experimentado un cambio radical en mi vida, en principio, para bien. Pero todo este cambio lleva consigo un dato que es el que creo que realmente está revolucionando mi cabeza, mi corazón y mi órganos enfadatorios: mi marido se ha convertido en mi compañero de trabajo. De repente, trabajamos codo con codo, formamos un equipo de dos que, si funciona coordinadamente, todo va sobre ruedas; pero que como haya descoordinación, uno de los dos se carga de trabajo. Además, vivimos en el mismo sitio en el que trabajamos, así que, claro, lo que uno no hace o hace mal, repercute en la propia convivencia.

O sea, el acabose. ¿O era el continuose del empezose de ustedes, Mafaldita?

Así que por hache o por be, acabamos discutiendo (mentira, discuto yo, que todo me importa mucho, porque por él, daba todo igual) toooodos los santos días. Y yo me canso. Si no veo ni el telediario (y cuando empiezo a verlo, me quedo dormida; así que lo único que sé del mundo exterior es que hay una oleada de refugiados de vergüenza y poco más) del cansancio que me provoca este estado. Así que claro, es que no tengo ni tema de conversación; mi única salida diaria es la que hago con mi moquete de un año por las tardes al parque (por llamar de alguna manera esos dos metros cuadrados de columpios apiñados para todo un pueblo) a darle de merendar y tomarme yo mi zumo y mi cigarro (¿zuuumo?, sí, zumo, aunque a veces creo que necesitaría un par de cubatas, pero no es cuestión a las seis de la tarde y con mi moquete del alma). Mi única salida en la que, además, como no conozco a nadie, pues eso, que no hablo con nadie. Si es que encima me he vuelto antisocial, que no es que la gente no me hable, es que no quiero que me pregunten ni mi nombre. Y en un pueblo, otra cosa no, pero preguntas…

La única con la que he entablado un poco de conversación es con la dependienta de la droguería. Y me da que lo hace porque es su trabajo.  En fin, el acabose.

Si hablo con algún terrícola, os iré contando.

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