SIN ETIQUETAS

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Hay personas en esta vida que se quejan de que nadie les comprende. Yo ya estoy cansada de oír comentarios como “es que no me entienden”, “no comprenden cuál era mi intención”, “no ven mis problemas”, “no se dan cuenta de cómo me siento”y frases del estilo. Y las oigo en todos los sitios, en el supermercado, en el estanco, en el trabajo, y hasta en la televisión (pobres políticos, pobrecitos ellos, que nadie entiende sus bienintencionadas declaraciones y sus ganas de luchar tan desinteresadamente por los derechos de los ciudadanos). Y, la verdad, es que cuando oigo estas memeces, siempre me pasa lo mismo: se me va poniendo en la garganta un palabro, que va creciendo y creciendo, hasta que ya casi no me deja respirar y no me queda otro remedio, pobre de mi, que soltarlo con todas mis fuerzas, aunque sea a solas o en silencio.

Y bueno, al fin y al cabo, es lógico que esto ocurra (lo del palabro no, sino que haya gente incomprendida por ahí). A ver, entenderse a sí mismo, estar centrado en uno mismo, es característico de los adolescentes. Y, ¿qué ocurre?, pues que hay mucho eterno adolescente pululando por ahí; masculinos y femeninos; lo digo porque las mujeres suelen hablar mucho de esto, del egoísmo masculino, pero a ver, que egoístas femeninas también las hay, ¿eh?; y siempre pasa lo mismo, que te hartas y desconectas de su discurso, dejas de escuchar un rato, y cuando reenganchas tu sentido del oído a su verborrea, sigue más o menos en el mismo punto, en bucle.

A lo que iba. Que lo de estar pensando en uno mismo y sentirse incomprendido es de adolescentes. Pues sí. Y sin embargo, lo que tiene la adultez es precisamente el descentrarse del propio ombligo y empezar a preocuparse por el ombligo ajeno. Una persona que lleva encima todo el día el discursito de “pobre de mí, fíjate lo mal que me estoy y lo poco que me quejo”suele alejar a la peña. Pero una persona que se preocupa por los demás, y que es capaz de entender a los demás, olvidándose de si mismo…  con ésa o ése, al fin del mundo.

Pero no es fácil. Y es que comprender verdaderamente a los demás es un arte. Hombre, no, no me refiero a comprender lo obvio. Me refiero a comprender precisamente donde los demás no suelen hacerlo. Donde una persona se siente incomprendida, donde uno se siente verdaderamente solo porque los demás han decidido dar la espantada por respuesta. Y para eso hace falta inteligencia. Sí, inteligencia. Porque el inteligente se da cuenta de que fuera de uno mismo puede haber personalidades muy dispares de la propia, entiende que en el mundo hay muchas maneras de enfrentarse a la vida, maneras distintas y hasta contradictorias.

La verdad es que casi todos nos creemos que entendemos a los demás, casi todos nos pensamos comprensivos, conocedores de las motivaciones de nuestros semejantes, sabedores de lo que les impulsa o les retrae, y mejor aún, de porqué. Nos creemos a nosotros mismos abiertos de mente, que tenemos en nosotros mismos a todos los modos posibles de hacer sobre el mundo, entendiéndolos, abrazando todos los modos posibles de comprehender el mundo.

  • ¡JA!
  • ¿Qué?
  • Sí, sí, que ¡JA!

Que te crees tú eso, Antoñita la Fantástica.

¡JA!, ¡JA! Y ¡JA!

 

No, no, no, ya nos gustaría ser tan inteligentes. Y voy a demostrar que no somos tan comprensivos.

A ver, la demostración está en cuántas veces, si no al día, a la semana, pensamos de alguien: “vaaaya frikiiiii”, “este tío está pirao”, “aaaanda que no, pero es que ¿nadie le ha dicho cómo va, la pobre?”, y casi siempre seguido de etiquetas: qué pija, qué hippy, qué tonto, qué choni, qué macarra, qué “desarrapao”, mira que es rara, ¿eh?…

Todos lo hacemos, todos.

Muchas veces en nuestro más fuero íntimo, no vaya a ser que alguien nos oiga. Porque criticar y llamar pija a la candorosa de la protagonista de mi post de la semana pasada, está aceptado socialmente. Pero otras cosas no. No está bien visto decir marica, bollera, moro, sudaca, gabacho, putón, paleto, y podría seguir. Y gracias  a Dios, que parece que ya nos va entrando el sentido común y el respeto a los demás.

Es verdad que las últimas palabras escupidas por mis dedos son despectivas y por eso ya casi ni las pensamos. Pero las primaras (pija, tonto, choni, macarra…), quizá no nos parezcan tan despectivas, y sin embargo, ¿no son igual de incomprensivas con nuestros compañeros de planeta? ¿Cuántas veces utilizamos la palabra “raro/a” para describir a alguien que hace algo que, simplemente, nosotros no haríamos? Miles. Y es más, cuando encontramos a alguien que actúa de una manera similar a uno mismo, decimos que es “normal”. “Es que es una persona muy normal, ¿sabes?”.

He ahí donde nuestra inteligencia va quedando atrapada poco a poco, en las etiquetas, esos tags donde vamos metiendo a todas las personas que no somos capaces de entender en su totalidad, etiquetas que sirven a nuestra falta de inteligencia en aras de encorsetar la realidad para poder nombrarla de alguna manera y que nos permita autoproclamarnos como “normales”.

Por eso no me gusta utilizar etiquetas en mis escritos.

Porque la vida se vende sin etiqueta.

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2 comentarios en “SIN ETIQUETAS

  1. Ay Vancouver, que sería de nuestro mundo sin etiquetas! Esas etiquetas que ahora usamos para todo, que nos encorsetan y nos encasillan. Pero no somos nosotros, es la sociedad, los estudios de mercado, la agencias de rating, las universidades, los Otros, Maroto, el de la moto.
    Es cierto que no somos inteligentes o no lo suficiente, como tampoco es menos cierto que no somos empáticos para ponernos en los zapatos de los demás y entenderlos. ¿pero realmente es necesario entender a la gente? ¿por qué?
    El mundo debería ser de los incomprendidos, de los inadaptados, de los que viven al margen, libres de etiquetas, libres de convencionalismos, de los raros, de los frikis, de los que se niegan, aunque sea de forma inconsciente, a ser borregos.
    Yo lo soy, digo que no, pero lo soy. E incomprendido, y poco empático con quien no quiero, y prejuzgo, y critico y seguramente hago daño sin querer, pero es que soy así, nadie me entiende 😀
    Estupendo post.
    Un abrazo!!!

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    • Olé tú!!! Pues si, el mundo debería ser de los inadaptados… y a lo mejor, si te descuidas, el mundo es eso, un montón de inadaptados viviendo juntos y auto etiquetándonos para poder ser comprendidos. Me gusta tu postura. Vamos a mandar esas etiquetas a tomar viento y seamos como somos!!! Un abrazo enorme.

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